Contra la Columna vertebral: Ofensiva militar ante el Movimiento Obrero Organizado en la última dictadura
Lic. Santiago Carreño Gazari
“El hombre es principio y fin de la Comunidad Organizada, por lo que no puede haber realización histórica que avasalle la libertad de su espíritu. No hay organización posible si el hombre es aniquilado por un aparato externo a su propia existencia.” 1
La dictadura que se inició el 24 de marzo de 1976 y se prolongó hasta finales de 1983, vino a derrocar al gobierno constitucional, encarnado en la esposa del General Perón, María Estela Martínez, primera mujer presidente del mundo, investida en el cargo luego de la muerte de aquél. El Gobierno había llegado al poder a través del Justicialismo y de su máximo referente, quienes estuvieron proscriptos por más de 18 años desde que fuera derrocado el 16 de septiembre de 1955. El acto electoral constituyó el primer comicio libre y sin restricciones desde 1952. La fórmula Perón-Perón obtuvo la notable cifra del 62% de los votos, en septiembre de 1973.
El golpe se propuso realizar rápidamente, a sangre, fuego y terror, lo que las anteriores dictaduras militares no habían podido efectivizar: La desarticulación y la eliminación del Movimiento Nacional Popular de este país, representado por la ideología, o mejor dicho por la doctrina Peronista, que se haya incrustada en el corazón de los trabajadores y de las masas populares.
Dentro de ese Movimiento, se encuentra el sindicalismo, mayoritaria y absolutamente identificado con el Peronismo, que había resistido esos 18 años en diferentes etapas de proscripción y represión y fue el que resguardó el espíritu, la organización y la fuerza de ese Movimiento. Organizado hacia 1943 por Perón, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión y protagonista del histórico 17 de octubre, nunca pudieron debilitarlo. Esta potente organización, aglomerada en la Confederación General del Trabajo (CGT), siempre fue el obstáculo para alterar el orden establecido por el primer ciclo Peronista (1946-1955) que garantizaba una soberanía política, para tener una independencia económica y así realizar la justicia social. Se materializaba en una Comunidad Organizada; una política de industrialización y producción manufacturera, que se complementaba con la tradicional exportación de commodities agropecuarios; pleno empleo, desendeudamiento, distribución del ingreso nacional hacia los trabajadores y jubilados y un elevado y digno nivel de vida para la mayoría del pueblo argentino, para resumir. Y ese es el proceso que eficazmente se volvió a reestablecer en 1973 cuando Perón asumió el gobierno por tercera vez.
La dictadura, con la excusa de aplacar a la/s guerrilla/s subversiva/s y consolidar el orden tomó el poder, pero el interés inconfesable era desarrollar un plan económico de alteración en el proceso de acumulación y producción influenciado por la ideología dominante en aquel momento, el Neoliberalismo: En la práctica se observó un proceso de desindustrialización, valorización del sector financiero, regresión de los salarios, endeudamiento descomunal2, privatizaciones, desmantelamiento de la logística nacional, beneficios al capital extranjero y a la oligarquía terrateniente nativa y apertura de importaciones.
Rodolfo Walsh, al cumplirse un año del golpe, el 24 de marzo de 1977, envía su carta a abierta a la Junta, donde luego de describir los miles de muertos, los horrores e infinidad de crímenes, desenmascara el verdadero corazón del modelo: El nuevo modelo económico a instaurar. Es asesinado un día después de publicarla, aquí se transcribe un extracto:
“Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenessino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada. En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales. Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9% prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.”3.

El modelo sindical argentino, la organización del movimiento obrero en nuestro país era y sigue siendo un problema para terminar de consolidar el mencionado plan económico antinacional y totalmente ajeno a los intereses de la Patria.
“Y hay que decirlo: el Modelo sindical argentino, herencia de Perón al porvenir, es el último reducto en pie de esperanza para una Argentina que agoniza”4
El modelo sindical argentino, fue y sigue siendo una de las piezas fundamentales dentro de la concepción Justicialista de Comunidad Organizada. Dentro de esta, se destaca el funcionamiento de la democracia social, diferente a la democracia liberal burguesa. Aquella, se basa en las Organizaciones Libres del pueblo (o cuerpos intermedios), como los sindicatos, los clubes, las cooperativas, los empresarios nacionales organizados (CGE), las organizaciones barriales, etc. Estas organizaciones, organizadas libremente en el seno social, son donde transcurre el verdadero ámbito de la política, del día a día. Tienen un papel fundamental en la elevación de los proyectos y necesidades de las bases populares al gobierno, y no al revés. En palabras del General:
“…la concepción liberal califica, por un lado, al individuo, por el otro, a la organización superior. Además, sólo reconoce, prácticamente, el papel de las organizaciones intermedias denominadas partidos políticos. En la acción concreta, las organizaciones intermedias que responden a grupos sociales o profesionales han sido calificadas como correspondiente a una concepción corporativista del Estado.
Hemos evaluado suficientemente la enseñanza de la historia como para concluir que no necesitamos seguir ahora en este juego pendular entre liberalismo y el corporativismo. Una toma de conciencia, debidamente razonada, nos pone en situación de ir directamente hacia las estructuras intermedias completas, que, cubriendo partidos políticos y grupos sociales, de a nuestra comunidad la fisonomía real de lo que queremos calificar como democracia social.
La configuración política de esta comunidad organizada implica la creación de un sistema de instituciones políticas y sociales que garanticen la presencia del pueblo en la elaboración de las decisiones y en el cumplimiento de las mismas.
Corresponde esclarecer ahora el concepto de democracia social. Es social en la medida que, como dije una vez: La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo”5.
El plan para desindustrializar el país, dirigido por el ministro de economía José Alfredo Martínez de Hoz, ligado al magnate y banquero David Rockfeller, estaba en marcha y la cúpula militar fue su brazo ejecutor. Con respecto al movimiento obrero véanse estas palabras del presidente de la Junta Militar, Videla:
“Deben dictarse las leyes fundamentales de Asociaciones Gremiales de Trabajadores (…) es necesario quitar a estos organismos el poderío económico que proviene de la acumulación de riqueza, dado que, cuando este se agrega a la fuerza gremial, corrompe la función de sus dirigentes e instituye poderío político”6
Lo precisó, también, el ministro del Interior, General Albano Harguindeguy:
“La unidad sindical atenta contra los principios liminares del Proceso”7
Y en una entrevista, años después, el entonces Secretario de Hacienda:
“Con esta política buscamos debilitar el enorme poder sindical que era uno de los grandes problemas del país. La Argentina tenía un poder sindical demasiado fuerte, frente al cual era imposible el florecimiento de cualquier partido político, porque todo el poder lo tenían ellos (…) Hemos debilitado el poder sindical y esta es la base para cualquier salida política en la Argentina”8.
La represión contra el Movimiento Obrero en particular, y contra el pueblo argentino en general, comenzó el mismo 24 de marzo con la violencia y el terror y no se apagó hasta 1983. Se estima que un 60% de los desaparecidos durante esta dictadura corresponden a trabajadores, activistas, delegados y dirigentes sindicales. Desde el primer día se realizaron operativos en fábricas y establecimientos productivos militarizándose la producción y la vida laboral.
Las primeras semanas del golpe cuentan con el secuestro de dirigente sindicales de primera línea como René Salamanca (SMATA), Ricardo de Luca (Navales), Lorenzo Miguel (UOM), Roberto Digón (Tabaco), Alberto Piccinini (Metalúrgico), Julio Guillán (telefónico), Adalberto Wimer (Secretario Adjunto de la CGT), como así también de decenas de militantes y delegados de base.
No hubo rubro, ni espacio laboral que no haya sido hostigado, pero es notable como en las ramas más industriales el avasallamiento fue mayor. Los mecánicos de SMATA sufrieron durísimas represiones. En los primeros meses del golpe, sólo de FORD fueron secuestrados, torturados y desaparecidos 25 delegados gremiales, sacados por la fuerza de sus mismos lugares de trabajo. Así, también en Mercedes Benz9 y otras. Los empresarios colaboraron entregando listas negras y facilitando instalaciones para estas operaciones esperando, ansiosamente el disciplinamiento sindical.
Entre marzo y mayo de 1976 se intervinieron directamente las principales organizaciones sindicales del país, representativas de la mitad de los trabajadores argentinos. También se les retiró la personería jurídica a tantas otras, vaciándolas del poder legal que tenían y desvirtuando el espíritu de la normativa anterior, centro del Modelo Sindical Argentino. Por Comunicado Nro 58 de la Junta Militar se dispuso la intervención de la Confederación General de Trabajo (CGT), sacando del poder de los trabajadores su máximo órgano de representación y unidad, quebrando la estructura centralizada del movimiento. Finalmente, luego, sería directamente disuelta.
Se privó a los sindicatos del manejo de las obras sociales, argumentando que era una fuente de poder político y se negó, de esta manera, el acceso de calidad a la salud a millones de trabajadores mediante el acceso a esta red montada de asistencia social.
Las paritarias fueron suspendidas inmediatamente y el estado aumentaría según su consideración, logrando una baja real en los salarios, respecto a 1974, cercana al 40%. En su mensaje del 2 de abril de 1976 lo explica Martínez de Hoz:
“En cuanto a la política salarial (…) no es factible pensar que puedan tener vigencia las condiciones ideales de libre contratación entre la parte obrera y empresarial de fijación del nivel de salarios. Debe, pues, suspenderse toda actividad de negociación salarial entre los sindicatos y los empresarios, así como todo proceso de reajuste automático de los salarios. Será el Estado el que establecerá periódicamente el aumento que deberán tener los salarios (…) El verdadero incentivo para el aumento de los salarios deberá provenir de la mayor productividad global de la economía, y en particular, del de la mano de obra. Si la producción aumenta no sólo con el esfuerzo de inversión del sector empresario, sino también por la eliminación de prácticas laborales que afecten la productividad, que conduzcan a una mayor colaboración obrera para lograr dicho objetivo”10
Sumado a las acciones directas de terror y hostigamiento, se adicionaron una batería de medidas “legales” tendientes al quiebre y debilitamiento del movimiento obrero:
El mismo 24 de marzo se sancionó la Ley 21.261 que suspendía el derecho constitucional a huelga: “Artículo 1.- Suspéndese transitoriamente en todo el territorio nacional el derecho de huelga, como así también el de toda otra medida de fuerza, paro, interrupción o disminución del trabajo o su desempeño en condiciones que de cualquier manera puedan afectar la producción, tanto por parte de trabajadores como de empresarios y de sus respectivas asociaciones u organizaciones.”
El mismo día del inicio del golpe, también, se suspendió el fuero sindical, a través de la Ley 21.263.
También, el 24 de marzo, se sancionó la Ley 21.259 que reimplantaba la Ley de residencia, con la cual se podía expulsar del país a cualquier extranjero que atentara contra la “seguridad nacional”.
En julio se sancionó la Ley 21.365 que prohibía directamente toda actividad gremial: Asambleas, reuniones, congresos, elecciones, etc y el reemplazo de las comisiones internas o de los delegados y dirigentes por los designados por el Ministerio de Trabajo.
En septiembre se sancionó la Ley 21.400 con la cual se incriminaba como delito sancionable con pena de prisión la instigación a la huelga y distintos comportamientos vinculados con ella. En la práctica estas acciones se pagaban con la vida, como demuestra la siguiente crónica periodística:
“El comando de la Zona I informa a la población que el 2 de noviembre, en horas de la noche, en las proximidades de Plaza Constitución, una patrulla de las fuerzas leales sorprendió a un activista que incitaba al cese de actividades y trataba de impedir la concurrencia al trabajo de algunos operarios, siendo abatido por el fuego. Se procura su identificación. Las fuerzas legales cumplieron con su misión impuesta tendiente a asegurar la libertad de trabajo” 11
Por la Ley 21.274, de abril de 1976, se declaraba la prescindibilidad de los empleados públicos, pudiendo ser despedidos sin razón.
El 11 de febrero de 1977, mientras secuestraban y desaparecían al Secretario General de Luz y Fuerza el gato Smith, disponían, mediante Decreto 385/77, la baja de todas las afiliaciones de todos los sindicatos de primer grado del país y su necesaria rectificación en sólo 40 días, lo que en el contexto de militarización, represión y miedo era un vaciamiento total a la representatividad y al financiamiento de los sindicatos. Todos los trabajadores deberían apersonarse en su trabajo para cara a cara poner de manifiesto su deseo de afiliación. En este caso el coraje de los trabajadores ratificó, en su inmensa mayoría, el sentido de pertenencia al movimiento obrero organizado.
El corazón del modelo sindical fue atacado en 1979 con la Ley Sindical Nro. 22.105 en donde se alteraba el Modelo Sindical Argentino, que había sido repuesto por el gobierno anterior con la Ley de Asociaciones profesionales Nro. 20.315. Con la nueva Ley se intervenía al extremo, socavando la estructura, y la base institucional y financiera del poder sindical. Promoviendo de esta forma los sindicatos por empresas, prohibiendo las centrales y confederaciones.
Los trabajadores no se quedaron con los brazos cruzados pese al clima difícil que debían soportar. Innumerables conflictos menores, atomizados, en las fábricas, en los comedores se llevaban a cabo día tras día. En un principio no tuvieron la épica de grandes concentraciones, pero desarrollaban una protesta de hormiga. Se popularizó el trabajo a desgano, el trabajo a tristeza, el trabajo a reglamento, los boicots y sabotajes, ya que no se podía realizar un enfrentamiento abierto y de envergadura contra la dictadura.
Un conflicto importante en esta primera etapa del golpe fue el protagonizado por el sindicato de Luz y fuerza entre fines de 1976 y principio de 1977. El sindicato había sido intervenido y centenas de compañeros habían sido cesanteados. A finales de 1976 se produjeron huelgas de brazos caídos, sabotajes y apagones en todo el país. El conflicto se intensificó cuando desaparecieron a 3 compañeros, dos de ellos delegados gremiales. El sindicato publicó una carta donde declaraba que no eran subversivos y que sólo querían trabajar en paz. El 11 de febrero terminó el conflicto con la desaparición hasta el día de hoy de su secretario general Oscar, el gato, Smith.
1979 es la fecha donde se levantó el movimiento obrero contra la dictadura. Las consecuencias económicas, luego de tres años del nefasto modelo se sentían en el desempleo, la pobreza, el cierre de fábricas. Todo tendía a un severo malestar social. Un núcleo de dirigentes se juntó en la Comisión de los 25 y convocó a una huelga general. Entre ellos se encontraban: Camioneros, cerveceros, ferroviarios, mecánicos, metalúrgicos, papeleros, mineros, obreros navales, estatales, taxistas, telegrafistas, viajantes de comercio, aguas y gaseosas, caucho y tabaco, entre otros. Reivindicaban la liberación de los dirigentes y militantes presos, el regreso a la democracia y un modelo económico de defensa la industria nacional. Este grupo, conformó la principal fuerza opositora que resistía al proyecto político y económico del régimen.
La huelga se desarrolló el 27 de abril mientras encarcelaban a decenas de los dirigentes que la habían organizado. Pese a ello, la jornada de protesta se desarrolló igual. El porcentaje de adhesión osciló entre un 50% y un 75%, lo que demuestra la contundencia de la medida en el ambiente de represión y terror. La prensa intento ocultar el acatamiento, pero pese a todo fue la primera jornada de protesta social, a tan sólo tres años del inicio de la dictadura. En los países limítrofes ese espacio de protesta se daría recién a los 10 (Uruguay) y 11 (chile) años del inicio de las respectivas dictaduras.
Por otro lado, en otro armado sindical la CNT (Comisión Nacional del Trabajo), de línea más dialoguista con el gobierno no participó de esta ni de las posteriores manifestaciones y sólo se nuclearían al final del proceso, cuando la Dictadura ya estaba en retirada.
Con el impulso de la Comisión de los 25, de los metalúrgicos y otros gremios, en noviembre de 1980, se recompuso la CGT, disuelta por la Dictadura. Se llamó CGT Brasil, por la calle en que funcionaba el local. Al frente de la misma, como Secretario General, fue elegido Saúl Ubaldini, de los cerveceros, de importante participación dentro de la Comisión de los 25 y de activa participación en esos años.
Entrando el año 1981 los conflictos se multiplicaron por todos lados y en todo los frentes al hacerse más fuerte la organización sindical y la CGT encabezó una nueva huelga general que se realizó en julio. En agosto se complementó esta jornada con una masiva movilización a la Iglesia de San Cayetano, en alianza con la Iglesia, a realizarse el 7 de noviembre de ese año. La jornada de movilización tuvo por lema Pan, Paz y Trabajo y contó con el apoyo de algunos partidos políticos. Se estima cerca de 60.000 movilizados en abierta oposición al gobierno militar.
En un documento lanzado por la CGT Brasil en esta segunda Huelga General se puede leer la clara posición política y económica, claramente empapada de peronismo:
“El país se encuentra en medio de una crisis que no registra antecedentes. Y no puede ponerse en el banquillo de los acusados ni a los trabajadores, ni a los dirigentes sindicales, ni a los políticos, ni al empresariado nacional como culpable de esta situación. Cinco largos años han transcurrido desde el momento en que las F.F.A.A. iniciaron el llamado “Proceso de Reorganización Nacional”, que ha fracasado tanto en su ideología como en su instrumentación y cuyas consecuencias sufre todo el pueblo argentino, salvo una minoría privilegiada que ahora y siempre se benefició sirviendo a intereses ajenos a los de la patria.
El aparato productivo quebrado, salarios ínfimos (mucho menos que en países de notorio subdesarrollo), desocupación en incesante aumento, inflación galopante, tasas de interés usurarias, ausentismo escolar generalizado, ausencia de representatividad que importa un verdadero vacío de poder y quiebra total de la credibilidad pública constituyen algunos de los signos visibles que comprometen el presente y el futuro de la nacionalidad encerrando al pueblo argentino en un callejón sin salida aparente. Todo el mundo advierte entonces que hemos arribado a una situación límite.”
Tres días antes de la toma de las Islas Malvinas, el 30 de marzo de 1982, la plaza de mayo se había llenado con una nueva concentración masiva y popular convocada por la CGT, en donde se estima entre 180.000 y 250.000 personas que respondieron a la convocatoria y se replicó en varias otras provincias. El claro lema de la misma fue el de la vuelta a la democracia. La movilización generó una severa represión con detenidos, heridos y hasta un muerto en la Provincia de Mendoza.
Pasada la guerra, el descontento social aumentó y las protestas se multiplicaron por doquier. Pasaron todavía dos movilizaciones más, con mas represión, heridos y muertos hasta que la dictadura abandonara el lugar que había usurpado en la sociedad argentina.
El 16 de octubre 1983, dos semanas antes de las elecciones, se efectiviza la unión de las dos centrales obreras refundando la CGT original. Para ese entonces tenía una representación de 4 millones de trabajadores.
El movimiento obrero organizado debió sufrir, esos años para el olvido, el embate militar del plan económico del poder del dinero y del mercado y fueron ellos mismos quienes encabezaron la resistencia a ese modelo, resguardando la doctrina del general Perón, triunfante apenas tres años antes en las elecciones. En palabras de Abós:
“Los propósitos del golpe militar que derrocó a Isabel Perón eran, según la doctrina oficial, salvar las instituciones, amenazadas por el terrorismo de la izquierda y por el vacío de poder generado por un gobierno inicuo.
Su verdadera intención, no confesada, era en cambio conseguir el dominio total del poder económico y aplastar al movimiento popular, cuyo desarrollo, pese a todas las contradicciones que lo trabajaban, no había cesado.
Una amplia mayoría había ejercido, en los comicios de 1973, una explícita opción por un programa económico popular: redistribución más igualitaria de la renta, ensanchamiento del consumo popular y del mercado interno.
A fin de bloquear definitivamente estas tentativas, el gobierno militar entregó los resortes del poder económico al grupo social más minoritario: la oligarquía proimperialista de cuyos intereses era custodio. Este grupo social no había conseguido, en la liza electoral, articular la más mínima expresión política.
La conducción económica emergente del golpe se sustentó en la restricción salarial, en el desmantelamiento del aparato estatal a fin de favorecer “la iniciativa privada” y en el desarrollo de un capitalismo de super explotación, repudiado expresamente por la población menos de tres años antes. Este era, en realidad, el único programa del gobierno militar.”12
Para el peronismo existe una sola clase de hombre (y mujeres, claro está), los que trabajan. Ese trabajo digno, que trae el sustento a una familia es la base ordenadora de todas las sociedades y la cuna de la justicia social. Seguimos luchando para que el legado del General Perón no quede en letra muerta ante los avances de las plutocracias y los codiciosos.
“Mientras exista una sola familia cuyo ingreso esté sólo en un mero nivel de subsistencia o, peor aún, por debajo de este, no habremos logrado en modo alguno un nivel económico con justicia social.” 13
Bibliografía
-Perón, Juan Domingo, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional en Obras completas, XXV, Fundación pro Universidad de la Producción y el Trabajo & Fundación Universidad a Distancia Hernandarias, Buenos Aires, 2002
-Walsh, Rodolfo, Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, 24 de marzo 1977
-Descalzo, Damián, Haciendo justicia juntos, Fabro, Buenos Aires, 2018
-Díaz, Claudio, El movimiento obrero argentino. Historia de lucha de los trabajadores y la CGT, Fabro, Buenos Aires, 2010, P.272
-Basualdo, Victoria y otros, La clase trabajadora durante la última dictadura militar argentina (1976-1983) en Memoria en las aulas – Dossier Nro 13, Sandra Raggi [Coord.], Comisión Provincial por la memoria.
-Abós, Alvaro, La columna vertebral. Sindicatos y Peronismo, Hispamérica, Buenos Aires, 1986
-Ferrari, Alfredo y Norberto Galasso, Historia de los trabajadores argentinos (1875-2018), Colihue, Buenos Aires, 2018.
1 Juan Domingo Perón, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional en Obras completas, XXV, Fundación pro Universidad de la Producción y el Trabajo & Fundación Universidad a Distancia Hernandarias, Buenos Aires, 2002, p. 395.
2 El endeudamiento externo fue otro de los ejes de la política económica de la dictadura. La deuda se quintuplicó. Si al inicio de la dictadura la deuda externa ascendía a 7.800 millones de dólares, en 1983, al finalizar el gobierno militar, llegaba a 43.600 millones.
3 Rodolfo Walsh, Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, 24 de marzo 1977.
4 Iciar Recalde, Prólogo a Haciendo Justicia Juntos de Damián Descalzo, Fabro, Buenos Aires, 2018, p.13.
5 Juan Domingo Perón, Modelo Argentino…Op.cit. pp. 406-407.
6 Claudio Díaz, El movimiento obrero argentino. Historia de lucha de los trabajadores y la CGT, Fabro, Buenos Aires, 2010, P.272.
7 Ibid.
8 Juan Alemann, Secretario de Hacienda, citado en Martin Andersen, Dossier Secreto, Planeta, 1993)
9 1977 fueron secuestrados 17 trabajadores de esta automotriz, los cuales, años después, sólo 4 aparecerían con vida.
10 Citado en Victoria Basualdo, La clase trabajadora durante la última dictadura militar argentina (1976-1983), Comisión Provincial por la memoria, p.6
11 Diario la Razón, 4 de noviembre de 1976.
12 Alvaro Abós, La columna vertebral. Sindicatos y Peronismo, Hispamérica, Buenos Aires, 1986, pp. 188-189.
13 Juan Domingo Perón, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, ob. Cit., p. 423.






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